¿Cuando se para mi tiempo?. Está claro ...
Permanezco como un vegetal de ojos saltones aunque con riego sanguíneo acelerado cuando vá a empezar la final. Ni siquiera los gritos y aspamientos de la niña me desconcentran. Mis globos oculares focalizan una espacio rectangular y mis oidos se complacen con el golpeo del balón y los frenazos de zapatillas ... Simplemente baloncesto. La final del Eurobasket. España, es ese quipo que tuvo el detalle de salta a la cancha con ánimo de cargar nuestro disco duro con nuevas joyas para nuestra rutina. ¿Por qué escribir prosa si el verso es tu lenguaje?
Recordemos. Salimos haciendo mimitos a la pelota. Calderón es un niño con un yoyo en la mano. Efectivos y sobrios pero sin prisa.
Cuando hay que correr sorprende la electricidad de gente cercana a la treintena.
Estamos apurados en una posesión y Marc nos regala un triple desequilibrado en retroceso con movimiento perfecto de muñeca y pasamos de cuarto.
Navarro está decidido a patinar hoy también. Se desliza, baila y extiende los brazos. Este bailarén tiene una bola entre las yemas de sus dedos y la bombea con un susurro previo ... "¡ Entra preciosa ¡" ... Están enamorados. Ella entra en la aro besando la red.
Pau parece que no está ... pero sus brazos, su cabeza y corazón están en todas. Ha decidido simplemente disfrutar y ganar. Quiere el máximo trofeo para su amigo. Se lo cederá gustoso.
Rudy es electricidad en movimiento y látigo estático. Ambas cosas son letales para el rival.
Cuando parece que todo discurre según el guión preescrito aparece un chico demasiado moreno para ser español y coloca 4 chapas estratosféricas en 5 minutos. Esto no es tan poético, es más ... visceral. Es además un ensayo sobre astronomía. Aquí el más negro soy yo, parece decir. No puede disfrutar demasiado porque debe agacharse para no abrirse la crisma contra el tablero. Un hombre de goma riéndose de la gravedad.
Y para que el vegental no tenga más remedio que moverse de estado de éxtasis paralizante; los bajitos se crecen y Calderón decide hoy machacar el aro y Sada volar sobre él para empujar hacia abajo 2 puntos más de sutura en la cara de los francesas.
Nunca una lechuga había sido tan feliz. Gracias chicos ¡¡¡
miércoles, 21 de septiembre de 2011
martes, 10 de mayo de 2011
ASTRONOMIA RAZONABLE
Él se tumbó en el césped húmedo y recién cortado, cerró los ojos y ... ese olor, esa humedad y ese cielo ... eran los mismos con los que solía corpartir sus noches de verano. Las noches de verano de esos años en que las cosas huelen a algo por primera vez.
Era su espacio, si; descubrió que su espacio vital estaba fuera de su espacio habitable. Esa fantástica casa de diseño que un dia fue un hogar. Tardó en descubrirlo; los humos, resacas y la oscuridad del invierno le daban otras sensaciones. Pero no eran del todo suyas. Eran sensaciones de alquiler ... cualquiera podía adquirirlas.
Ahora él sabía que era él mismo otra vez. Si apretaba con ambas manos un puñado de césped, cerraba las ojos para olerlo y al instante los abría. Allí seguía estando la Osa Menor y en su extremo todavía brillaba la Estrella Polar.
Dedujo entonces, que al igual que las bóvedas de las catedrales góticas se alzaban geométrica e implacablemente oscuras y nervadas, provocando la sumisión del peregrino hacia lo que estas ocultan; su arquitectura profesional y vital le había colocado unos atractivos pero opacos techos, que le impedían reencontrarse con todo ese espacio liberado hasta el cielo. Ese espacio donde se podía localizar la inamovible referencia de la Estrella guia y otros astros geométricamente perfectos que ofrecen refugio y orientación a los que no tienen techo ni rumbo ...
Se felicitó al menos por que su casa contaba con un lucernario, que conectaba el interior de su jaula de oro con toda esa astronomia razonable ... y se durmió profundamente en el pasillo bajo ese lucernario que le encañonaba con luz de luna.
Era su espacio, si; descubrió que su espacio vital estaba fuera de su espacio habitable. Esa fantástica casa de diseño que un dia fue un hogar. Tardó en descubrirlo; los humos, resacas y la oscuridad del invierno le daban otras sensaciones. Pero no eran del todo suyas. Eran sensaciones de alquiler ... cualquiera podía adquirirlas.
Ahora él sabía que era él mismo otra vez. Si apretaba con ambas manos un puñado de césped, cerraba las ojos para olerlo y al instante los abría. Allí seguía estando la Osa Menor y en su extremo todavía brillaba la Estrella Polar.
Dedujo entonces, que al igual que las bóvedas de las catedrales góticas se alzaban geométrica e implacablemente oscuras y nervadas, provocando la sumisión del peregrino hacia lo que estas ocultan; su arquitectura profesional y vital le había colocado unos atractivos pero opacos techos, que le impedían reencontrarse con todo ese espacio liberado hasta el cielo. Ese espacio donde se podía localizar la inamovible referencia de la Estrella guia y otros astros geométricamente perfectos que ofrecen refugio y orientación a los que no tienen techo ni rumbo ...
Se felicitó al menos por que su casa contaba con un lucernario, que conectaba el interior de su jaula de oro con toda esa astronomia razonable ... y se durmió profundamente en el pasillo bajo ese lucernario que le encañonaba con luz de luna.
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